Por Gladis Naranjo

ACTA Nro. 1
En Claromecó, a los 8 días del mes de agosto de 1970, se reunió un núcleo de vecinos a los efectos de formar una comisión para la filial de la Biblioteca Sarmiento de Tres Arroyos.


En un flamante Libro de Actas se registra, plasmada por fin bajo el papel araña verde, la intención de ese grupo de vecinos, alentados por su tenaz sentimiento de pertenencia a Claromecó, evidentes los lazos profundos creados con su comunidad.


Ese año, un Claromecó de 1.900 habitantes estables festejó su cincuentenario. Una recién nacida Biblioteca comenzó a acompañarlo: “Dispone la Comisión prestar su más efectivo apoyo al álbum recordatorio de este Balneario”. Con muchas esperanzas necesariamente transformadas en obstinación, con muy pocos recursos, en un mínimo espacio prestado, de a 5, de a 10, de a 1, se fueron sumando los libros en un principio pensados para apoyo escolar o para “pasar una amena tarde de lectura”, afirmando el diálogo constante con todos los vecinos, disfrutando del crecimiento compartido.

Biblioteca Municipal


Más tarde llegó la escisión de la Biblioteca Sarmiento, y ya transformada en Biblioteca Municipal, comenzaron los esforzados trámites para ser reconocida a nivel provincial y nacional. Se acordó su nombre: Dr. Bernardo A. Houssay, en homenaje al Premio Nobel de Medicina fallecido en septiembre de 1971. Se designó a la primera bibliotecaria: Cándida S. de Abraham, nombres que han quedado enlazados para siempre en la historia de la Biblioteca.


Y con todas las dificultades ligadas a las tremendas convulsiones políticas, sociales y económicas de aquellos años, esa Comisión siguió trabajando, renovada permanentemente, transformada en una interminable lista de voluntades y de afectos, de amigos cosechados en la tarea común, siempre con el convencimiento del valor de lo emprendido, hasta que pudo llamarse Biblioteca Popular.

Casa Propia


Ahora, con 11.000 volúmenes cobijados en su “casa propia”, con la misma obstinada decisión, contra viento y marea, sigue ofreciendo su magia. Porque cada palabra que leemos en un libro nos transforma, nos acompaña, nos consuela, nos hace crecer en la maravilla de acercarnos el mundo a través de las letras.

Este 2020, centenario para Claromecó, cincuentenario para su Biblioteca, es un año que quedará para siempre en nuestras memorias vinculado al doloroso e inexorable registro cotidiano. Tan ayuno de apretones de manos, tan de andar adivinándonos la sonrisa. Y quedará también como el año de mayor unión de la Biblioteca y la comunidad, porque a pesar de tanta incertidumbre, compartimos una profunda certeza: la seguridad de que recuperaremos nuestra plácida alegría de pueblo chico, porque estamos juntos, y así estaremos cuando se abran otra vez de par en par las puertas, cuando vuelvan las risas al patio de la escuela, cuando regrese el tiempo de los abrazos.

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