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Adiós a Héctor Lanza

Adiós a Héctor Lanza

Conocí a Héctor Lanza allá por 1997. Recién había formado Crosetur, y le hice una nota al respecto. Enseguida surgió un entendimiento mutuo. Comprendí claramente cuál era el objetivo: educar.


Héctor había llegado primero a Tres Arroyos, donde participó activamente de la Comisión de Padres de la Escuela Técnica, y fue uno de los impulsores del recordado APRESTA, entidad creada para llevar estudios universitarios al distrito, entre otras. Y luego se instaló en Claromecó, junto a su esposa Margarita, y a sus hijos Ezequiel y Mariela. En Buenos Aires había sido remero, y criador de perros, entre varias otras actividades.


En esta localidad se dedicó al rubro inmobiliario, y por ende, al turismo. Ahí fue donde comenzó a tener una destacada participación en la comunidad. Desde Crosetur fue el primero en hablar de asociatividad, por ejemplo. De mejorar la calidad del servicio, de dar valor agregado, todos conceptos novedosos para la época. Elaboró un plan de desarrollo sustentable, primera vez que escuché ese término, y luego la Municipalidad creó el Plan Estratégico, al cual se sumó inmediatamente, trabajando desde el Eje 7, el turismo. Desde su prédica incorporó conceptos que hoy en día se ponen en práctica a diario, pero que en aquel momento resultaron toda una novedad.


“Hay que tener los proyectos siempre guardados en un cajón, porque nunca se sabe cuándo podrá venir la oportunidad de ponerlos en práctica. De lo contrario es como una efigie pelada con un mechón en la frente. Si no lo agarrás cuando viene, cuando se va, ya no podés”. Frase clásica de Héctor referida a la planificación, a la preparación ante cualquier circunstancia que pudiese significar una mejora para la comunidad. Pero había que estar preparado, sino esa oportunidad podía esfumarse para siempre.


Juntar voluntades, construir en conjunto más allá de las diferencias que siempre existen en una comunidad. Encontrar los puntos en común, que seguramente son muchos más que aquellos que provocan distancia. Esa fue otra de las prédicas de siempre de Héctor. Charlar y conversar, y descubrir así que hay muchas más cosas que nos unen que las que nos separan, siempre buscando el bien común.


Todos estos conceptos y varios más, son los que pregonaba cada vez que le hacía una nota. En una época su presencia en la radio era muy frecuente. Algunos lo cargaban diciendo que era prácticamente un columnista, otros sin embargo lo criticaban, diciendo que le gustaba el micrófono y que tenía ansias de protagonismo. La realidad es que sí, que le gustaba participar y hablar por la radio. Pero nunca, en las miles de notas que le hice, habló a favor de algo personal. Jamás pidió la palabra para solicitar algo para sí mismo, siempre lo hizo para hablar de proyectos e ideas que beneficiasen a toda la comunidad.


Junto a Pepa Chedrese, José Souto y Rubén Ciley, participó de la construcción del nuevo Reloj de la Costanera. Pero no sólo eso, se comprometió para siempre con el lugar. Siempre junto a colaboradores como Emilio García, y el señor Elgart, por ejemplo. Buscaron asesoramiento de Don Ángel Fangauf, y parquizaron esa zona del reloj, con tamariscos. Una plantación que puede verse hasta el día de hoy, con un sistema de riego por goteo al que había que ir todos los días. Ese era el compromiso de Héctor. Como cuando Luis Brito siendo delegado lo convocó para que se encargue de las banderas de la Plaza Luis Piedra Buena. Se encargó de izarlas y arriarlas todos los días del año, llueva, truene, haya viento, frío o calor. Todos los días.

Con Tito Martínez desarrolló una amistad que vi de cerca. Con cientos de peleas, dos personalidades fuertes, pero con las consecuentes reconciliaciones. Yo les decía que parecían la película Gemelos, con Schwarzenegger y Dany De Vito.


También convocado por Pepa Chedrese, Héctor participó del Grupo de Amigos Pro Edificio del Instituto Secundario Claromecó, y de un grupo parecido que luego trabajó por la Biblioteca.
Uno de los primeros objetivos que tuvo Crosetur fue potenciar el feriado de Semana Santa en Claromecó. Junto con Luis Brito y otros colaboradores, realizaron un evento para los chicos. Nació ahí Crotito, el conejo, la mascota de Crosetur, hoy en manos de la Cooperadora de la Escuela 11 para el Megafestival del Día del Niño.

Y cuando Marta Vega tuvo la idea del Vía Crucis, Héctor fue uno de los primeros en sumarse, ya que vio claramente que se trataba de un evento fundamental. Con Marta primero y Cristina Caballero después, siempre fue uno de los pilares del Vía Crucis. Puso su camioneta durante muchos años para que sea el escenario móvil. Estuvo siempre en todos los detalles, con el objetivo de siempre, planificar y adelantarse a lo que pudiese suceder.


Solía decir también que a los proyectos hay que dejarlos por escrito, de manera que en el futuro pudiesen venir otros para continuar desarrollándolos. Y eso hizo, escribió todas y cada una de las actividades en las que le tocó participar. Apostando siempre al trabajo en equipo, a dividir las tareas, de manera tal que cada uno supiese lo que tenía que hacer, y lo que no, para no estorbar a los demás.


En conjunto con la RCC, Héctor participó de la primera excursión turística a San Francisco de Bellocq. Organizando y planificando, como siempre. Hicimos todo el recorrido por caminos de tierra previamente, tomando los tiempos de cada parada, organizamos el recorrido y las charlas por la localidad vecina, y el almuerzo final junto a las entidades de Bellocq. Esa idea luego fue puesta en práctica por la Dirección de Turismo. Impulsó también al grupo de areneros con sus travesías, y varios eventos deportivos más.

Se fue alejando de la actividad turística, tal vez un poco desencantado con las autoridades, pero consciente también que muchas de sus prédicas habían sido puestas en práctica. Y surgió entonces su otro gran proyecto: el Instituto Nacional Browniano. Comenzó siendo un encuentro de amigos, y se transformó en una institución con peso propio en Claromecó.


Decía Héctor que al empezar, conocía bastante poco del Almirante Brown, y que gracias a su participación en el Instituto había descubierto lo apasionante que es leer la historia que no enseñan en las escuelas. De a poco fue incorporando gente, luego socios adherentes de la institución. Organizó distintos eventos, como los actos de marzo en homenaje a Brown, o de agosto, de Piedra Buena. Actos que ya son parte del calendario anual de Claromecó.
Aglutinó voluntades, sumó y comprometió gente, y así formó el grupo, y la institución que hoy es la Delegación Claromecó del INB.


La salud de Héctor comenzó a deteriorarse hace ya unos años. Tuvo un largo proceso de recuperación que resultó muy exitoso. Pero en los últimos meses se empezó a complicar nuevamente.

Héctor tuvo la oportunidad de recibir el reconocimiento de la comunidad, en dos ocasiones. Cuando se inauguró un sitio para homenajear al Vía Crucis, en la Gruta de Lourdes, y cuando se inauguró el busto al Almirante Brown en la Plaza Piedra Buena. Allí habló en público, y muy emocionado, agradeció a todos.


La vida de Héctor se apagó a los 73 años. Desde Radio Comunidad Claromecó saludamos y abrazamos a Margarita, a Mariela y a Ezequiel, así como también sus nietos y demás familiares y amigos. El derrotero de Héctor no cayó en saco roto, hay un legado a continuar, un ejemplo a seguir, un camino para seguir desarrollando. Hasta siempre amigo Héctor.

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