Radio Comunidad Claromecó

Adiós al eterno trotamundos

Adiós al eterno trotamundos

Falleció el «Barba» Néstor Romagnoli.

«El primer cuidao del hombre
es defender el pellejo—
Lleváte de mi consejo.
Fijáte bien en lo que hablo:
El diablo sabe por diablo
Pero más sabe por viejo.»

La sabiduría de la calle. Así puede describirse a Néstor Romagnoli. El Barba nos dejó a los 82 años, una pena inmenza nos embarga. No podemos creerlo, nos negamos a hacerlo, hasta que caemos en la realidad. Aún con el impacto a cuestas, intentamos esbozar algunas palabras.

Néstor Romagonli nació en Tres Arroyos. Vivió en Rosario, en Buenos Aires, en varios lugares más, y desde hace 22 años lo hacía permanentemente en Claromecó. Con su emblemático negocio de empanadas: El Viejo Vizcacha.

De chico, la familia de Néstor se mudó a una vivienda de calle Domingo Vázquez. Los fondos de la propiedad daban con la casa de Mateo Flecha. Todo guitarrero y cantos que anduviese por Tres Arroyos recalaba en la casa de Flecha, y el joven Barba vio y escuchó todo eso. No pasó mucho tiempo para que él mismo se convirtiese en artista. Junto a Hugo Bernaola y a Rucci formaron Las Voces del Alba, un conjunto folklórico. Era 1957, se avecinaba el boom del folklore en Argentina.

Llegaron luego Jorge Herrera y Osvaldo Pizzarro. Nació así Los Pregoneros, grupo emblemático tresarroyense. Pero el trotamundos pudo más. Néstor de joven dejó Tres Arroyos para empezar un interminable periplo de lugares y trabajos que le dejaron millones y millones de anécdotas. Empezó como cadete en Bonafide, pasó a vendedor callejero, y ayudante de encargado. Ahí fue que lo enviaron a Rosario a trabajar. Volvió a Tres Arroyos y consiguió trabajo en un banco. Se había comprado 4 trajes para ir al banco. Pero más pronto que tarde descubrió que no era esa su vida. Se vio a sí mismo toda la vida detrás de un mismo mostrador, y contra lo que se supone que debería hacer, renunció. Su espíritu trashumante pudo más.

Ya instalado en Buenos Aires, hizo prácticamente de todo. Remisero, pizzero, colectivero, empleado público, fotógrafo y una lista de etcéteras. En la Capital conoció la bohemia de los años 60, recorriendo boliches donde abundaban artistas de todo tipo. Eran épocas del café concert, donde había monologuistas, humoristas, cantores. Néstor se inclinó por el recitado folklórico. Conoció la obra de poetas como Armando Tejada Gómez, Castilla, Jaime Dávalos, Cuchi Leguizamón. Y empezó a recitar, y lo había de manera inigualable. Una sola frase, una pausa, una forma de decir, y estremecía a todo el mundo. Un verdadero arte, de emocionar con palabras.

Trabajó como barman en boliches, en la fábrica Crysler, fue remisero cuando era todo un lujo ese servicio. Lo hizo para Aerolíneas Argentinas, llegó a llevar a la mismisima Tita Merello en su remís. Volvió a Claromecó, volvió a Buenos Aires, y finalmente en el 2000 se terminó radicando en esta localidad.

«No andés cambiando de cueva,
Hacé las que hace el ratón—
Conserváte en el rincón
En que empesó tu esistencia—
Vaca que cambia querencia,
Se atrasa en la parición.» 

En la RCC

Fue parte de los inicios de la RCC. Gran amito de Tito Martínez, el Barba tuvo a su cargo varios envíos de folklore, siempre contando historias de una manera muy particular y atrapante. Poniendo contenido detrás de la música. Y no sólo el folklore era su pasión. El Barba conocía toda la música, de hecho en su celular sonaban como ringtone Guns And Roses o Los Redonditos de Ricota.

Junto a Tito Martínez también hizo radio en Navarro, y en Daireaux. Pero en Claromecó se lo conoce básicamente por su negocio: El Viejo Vizcacha. A principios de los 90, el Barba tuvo una idea: vender copetín al paso en un colectivo, instalado en calle 7 casi 28. Pero un hecho completamente fortuito determinó su futuro: faltaban dos días para la apertura del comercio, Néstor ya tenía pensado vender algunas empanadas. Pero quien le iba a vender la masa, no pudo hacerlo. Su madre, la Ramona, lo adivinó al instante y le dijo: «yo te hago las tapas». Probaron con una docena, se vendieron en un rato, probaron con más y se vendieron también. Atrás quedó lo del copetín y todo lo demás. El Viejo Vizcacha se dedicó exclusivamente a las empanadas fritas. Únicas e inigualables, buscadas por mucha gente.

Fue un éxito inmediato. Las empanadas del Barba se transformaron en todo un clásico de movida. Como ya se dijo, se fue de Claromecó y luego volvió. Instaló su comercio en calle 28 entre 7 y 9. Y luego comenzó a atender en su propia casa de calle 36 entre 31 y 33 (en el Barrio Las Acacias). Actualmente el comercio es atendido por su hija Laura y familia.

La pandemia lo encontró «protocoleando el rancho», como él mismo decía en el spot publicitario. Durante estos últimos dos años se lo vio en contadas ocasiones en la calle, se cuidaba mucho. En los últimos años participó en casi todos los actos patrios, recitando, llevando esa emoción única a todos los presentes. Su participación era acaso lo más esperado de los actos. Con su cuatriciclo encabezó varios desfiles por el aniversario de la localidad, con la bandera Argentina y la de Claromecó.

La tradición folklórica siempre estuvo entre sus principales intereses. Formó parte de la Peña El Encuentro, y en agrupaciones gauchas. Tratando de «ponerle una ficha a lo nuestro», como le gustaba decir.

Recitador único en su especie, contador de chistes, guitarrero, cantor, artista en su más pura esencia. Trotamundos por elección, la calle fue la universidad de su sabiduría. Conversador por naturaleza, siempre dispuesto a contar una historia más, con una gracia inigualable. A veces huraño, un tanto hosco y medio renegado. Apasionado de la cultura en general, lector de los grandes poetas, admirador de los mejores compositores. Irremplazable. Hasta siempre amigazo. No te olvidaremos nunca querido Barba.

«No te debés afligir
Aunque el mundo se desplome—
Lo que más precisa el hombre
Tener, según yo discurro,
Es la memoria del burro
Qué nunca olvida ande come.»

4 comentarios

  1. Lamento mucho su partida, tal vez inesperada para mí que soy turista. Lo escuché más de una vez en la radio y con mi familia era una «fija» comer sus empanadas en vacaciones. Me queda como recuerdo sus recitados y su voz tan particular. Saludos a su familia.

  2. Yo conocí al Barba en Buenos Aires cuando todavía no usaba barba allá por 1965, cuando ambos andábamos por los 25 años de edad y éramos compañeros de laburo en 3M. Ya en esa época él era la atracción indiscutida con sus cuentos verdes a la hora del almuerzo. Por él nos enteramos que en el sudeste de la costa atlántica de la provincia había un balneario llamado Claromecó, «la mejor playa del país» repetía. En esa época era muy fácil cambiar de laburo mediante los clasificados de Clarin, (que entonces no mentía), así que pronto nos perdimos el rastro. Y fue necesario que transcurrieran casi 30 años para volver a vernos por casualidad. Ahora él usaba barba y vivía cerca de mi casa en Haedo, distante unos 25 kms. de Vicente López, donde funcionaba la planta de 3M. Le conté que mi hermana vivía con su familia en Claromecó desde hacía un tiempo y que yo había estado de visita un par de veces. Me preguntó dónde vivía mi hermana, cómo se llamaba y cuando le conté me dijo no sin sorpresa que era la vecina de enfrente de su casa con la que «peleaba» todos los días.
    Otro paréntesis de casi 15 años hasta que volvimos a encontrarnos, ahora viviendo definitivamente los dos en Claromecó. Pero hubo más casualidades: yo trabajé varios veranos en Muebles Moran, en el sucucho de la calle 9 entre 28 y 30 donde él pasaba muchas veces a charlar y tomar mate. Allí me contó que en ese mismo lugar años antes él había instalado su emblemática casa de empanadas «El Viejo Vizcacha» y como prueba me mostraba un pedazo de piso de otro color que él mismo había puesto.
    Hace ya unos años, para un 31 de diciembre, yo me crucé para comprarle un tubo de gas. Estaba sentado en su patio, casi en penumbras, con su guitarra. «Estaba por irme a dormir» me dijo. Hacía muy poco había muerto su madre y no estaba de ánimo para ningún festejo. Le insistí que viniera a cenar a casa que éramos un montón y no me dió ninguna seguridad. Sin embargo, al rato apareció con una botellita de tinto y una sonrisa. Recuerdo que era una mesa larga de tablones y caballetes y él había acaparado la atención de todos recitando algunos poemas gauchescos. Fue entonces que al finalizar uno dijo: TEJADA GÓMEZ y yo completé ARTURO esperando que alguien festejara el chiste. Pero nó, el Barba me miró fijo y retrucó ARMAND…. jaja, cómo me cagaste, jaja…
    Desde entonces, cada vez que nos cruzamos por la calle nos saludamos a los gritos: CHAU, ARTURO …. CHAU ARMANDO.

  3. Con gratitud y admiración guardaremos su recuerdo. Cuando entré como bibliotecaria en la Escuela Secundaria, él nos acompañó todas las clases necesarias para leer el Fausto. Y cada vez que se lo pedíamos, nos hablaba o narraba con una pasión que lograba que adolescentes y adultos disfrutaramos el género gauchesco.
    Un abrazo a su familia.

  4. Néstor querido, como ferviente admirador de tus decires te voy a extrañar, nadie más podrá decir lo que vos decías en cada 2 de Abril, los scouts y Claudio saben que cada acto pedía que fueses vos quien hablo para homenajear a los muchachos que quedaron allá, siempre estuviste y te lo agradezco, un abrazo al cielo y ya estarás recitandole al «barba» algo que seguramente lo emocionará, hasta siempre y vuela alto Barba querido !!!!!!!

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