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Adiós al Flaco Menotti

Adiós al Flaco Menotti

El técnico campeón del Mundo en el 78 falleció a los 85 años.

¿Qué es un equipo de fútbol? Preguntaba César Luis Menotti sentado en el escenario de un teatro porteño. La revista El Gráfico había logrado llevar el fútbol al teatro, organizando un encuentro de directores técnicos. Paradójicamente en ese mismo encuentro fue cuando Julio Grondona se decidió por contratar a Carlos Bilardo como nuevo entrenador del seleccionado, cuando lo escuchó hablar.

«Un equipo es básicamente una idea», se respondía a sí mismo el Flaco. Y agregaba: «es como una orquesta, donde cada uno tiene una partitura». Filósofo, bohemio, polémico, apasionado y respetuoso del fútbol a rajatabla. Así fue César Luis Menotti, que falleció a los 85 años. Un referente, no sólo en Argentina, sino en el mundo. Un prócer. El que le dio vuelo definitivo a la Selección Argentina. Una bisagra en el deporte más popular, y también uno de los artífices del presente, ya que fue quien «bancó» a Lionel Scaloni como técnico, cuando todo el mundo decía que era imposible que un recién iniciado dirigiese una selección como la argentina.

De Rosario para el mundo

Nació en Rosario, no podía ser de otra manera. En el barrio Fisherton. Su padre murió joven, cuando el Flaco (por entonces llamado «Cito» por sus familiares y conocidos), era tan sólo un púber. Tuvo que laburar desde chico para parar la olla. Y también desde chico le tiró el fútbol, también el bar, el villar, la bohemia rosarina, el club. Rebelde desde siempre, organizó una pintada contra los dirigentes de Fishertone, porque estaba disconforme por alguna cosa.

Amante del fútbol, y muy respetuoso del jugador. También desde joven notaba que muchos técnicos y dirigentes parecían no importarles el principal protagonista del deporte, el jugador. Jugaba en las ligas de los barrios, por plata. Ganaba mucho más ahí que en cualquier trabajo convencional. Era bueno, todos lo sabían. Entonces lo fueron a buscar de Rosario Central. Pero dijo que no, porque ganaba más en las ligas barriales. La madre le reprochó, le dijo que cómo no iba a jugar en Central, el club de sus amores. Fue la mamá la que lo convenció, y se convirtió en futbolista profesional.

Debutó contra Boca, a lo grande. Cuatro años en Central, pasó a Racing, y luego a Boca. El histórico presidente Alberto J. Armando, nunca le perdonó haber errado un penal ante el Real Madrid, pese a haber salido campeón con la entidad de la rivera. Partió a un incipiente fútbol de Estados Unidos. Probó suerte en el Santos de Brasil, junto a su máximo ídolo, Pelé, sin mucha suerte. Terminó su carrera en Juventus de Sao Paulo, también en Brasil.

Como técnico

Un viejo compañero más grande que él, el Gitano Miguel Antonio Juárez, lo convocó para ser su ayudante de campo. Decía el Flaco que el Gitano era el único que pensaba parecido a él, que observaba las falencias, que parecía que nadie veía. Pero claro, el equipo a entrenar era Newell´s, el eterno rival de Central. No le importó, y así fue su debut en la dirección técnica. En 1971 llegó a dirigir solo un par de partidos en el Torneo Metropolitano.

Y le llegó la oportunidad que cambiaría su vida para siempre. Huracán de Parque de los Patricios lo convocó para ser entrenador del primer equipo. En dos años formó un cuadro que se lo recuerda como uno de los mejores de la historia del fútbol argentinol. El Huracán campeón del 73. Un ballet futbolístico que entró en la gloria eterna. De esos equipos con nombre propio, como La Máquina de River, el Equipo de José de Racing, el Estudiantes de Zubeldía, el Independiente de Nito Veiga y luego Pastoriza, el Boca de Bianchi, el River de Gallardo, el Barcelona de Guariola… en fin.

En 1974, tras un nuevo fracaso mundialista, la AFA lo convoca para ser técnico de la Selección Argentina. El Flaco aceptó, pero puso condiciones. Por primera vez se le dio jerarquía e importancia a la Selección. Armó equipos en el interior del país, de donde salieron enormes jugadores, como Kempes, Ardiles y Valencia, por citar algunos. Convocó a técnicos colegas para que le marquen jugadores a seguir. Organizó un calendario internacional importante, para que el equipo tenga roce con las grandes potencias. Le dio importancia, una importancia que hasta ese momento nunca había tenido la Selección Argentina.

Mundial 78

Y llegó la cita máxima. El Mundial Argentina 78, que había empezado a ser organizado en democracia, pero se terminó de concretar en dictadura. Estuvo envuelto en polémicas, muchas. En lo futbolístico, la ausencia a último momento de Gatti y Carrascosa. La llegada intempestiva de Filliol y Alonso, la ausencia de Maradona, un chiquilín de 17 años que lloró el día que el Flaco dio la lista definitiva y lo dejó afuera junto a Bravo y Bottaniz. No obstante, Diego siempre dijo que su técnico favorito siempre fue Menotti.

En lo extra deportivo, la duda permanente del partido con Perú, la presencia de Videla en el vestuario, la oportunidad única que tuvo la dictadura para hacer propaganda, y mostrarle al mundo que los argentinos éramos «derechos y humanos».

Quien escribe era muy chico en ese momento. Por eso se tomó el trabajo de ver completos todos los partidos de Argentina en el Mundial. De leer el libro que posteriormente escribió Menotti, de leer las revistas y diarios de la época (muchos de esos medios, adeptos a la dictadura). Con todo esto, más entrevistas a jugadores y técnicos de la época, la conclusión es que el triunfo fue genuino.

Argentina fue un gran equipo, de menor a mayor. Arrancó perdiendo con Hungría, le tocó un grupo con tres europeos. Y en la Final, estuvo a punto de perderlo en el último minuto, con un tiro en el palo. Más allá de todo lo que la dictadura utilizó el Mundial, la victoria argentina fue real, y Menotti su gran artífice.

Contradictorio, si. Porque el Flaco militaba para el Partido Comunista, debería haber sido un perseguido político. Pero prefirieron dejarlo en el lugar que ya ocupaba, por la sencilla razón que lo estaba haciendo muy bien. Lo hizo muy bien.

Consagración y declive

El triunfo fue total. Menotti pasó a ser un gurú del fútbol mundial. Citado en forma permanente por la escuela del fútbol «que le gusta a la gente». De la idea ofensiva, de posesión de pelota, toque permanente. El «fútbol champagne», de galera y bastón, como muchos definieron. El Flaco era una celebridad. Mario Sapag lo imitaba en Operación JaJa, fumando de a cuatro cigarrillos, y los los latiguillos que se recuerdan hasta hoy: «Y dale con Pernía», o «Pernía es triste, Olguín es alegre». (alusión a un debate de los que siempre existieron en la Selección, porqué convocaba a Jorge Mario Olguín como lateral derecho, y no a Vicente Pernía, que la rompía en Boca junto al Toto Lorenzo).

Al año siguiente el Flaco dirigió a la Selección Juvenil, que con un Maradona mágico, y un Ramón Díaz implacable, se consagró campeón en Japón. Otra vuelta olímpica, esta vez fuera de casa. Era cierto nomás. Los equipos dirigidos por César jugaban bien en serio.

Pero tal vez ese éxito rotundo, lo condujo a ciertos momentos de soberbia. Se encerró mucho en su propia idea, y al siguiente Mundial, el de España, fue con un equipo que era el sueño de cualquiera. Lo mejor del 78, más Maradona y los pibes del 79 como Díaz y Barbas. No resultó. El equipo jugó mal, no pudo desplegar la misma idea que cuatro años atrás. También es cierto que durante la Copa del Mundo se desarrollaba la Guerra de Malvinas, una verdadera locura. Lo cierto es que Argentina se volvió rápido, tras perder frente a Italia y Brasil (por cierto, dos equipazos históricos).

En la AFA ya estaba Julio Grondona, zorro viejo. Que en principio lo ratificó, sólo para después despedirlo, y tomar en su lugar a su archi rival y principal némesis: Carlos Salvador Bilardo.

La Grieta

Nació ahí, lo que hoy llamaríamos Grieta. El histórico enfrentamiento Bilardo-Menotti. Dos ideas completamente distintas, contrapuestas. Fogoneado mucho por la prensa, el enfrentamiento llegó a niveles insospechados y ridículos, como cuando a Bilardo le tiraron piedras en la casa.

Menotti tuvo allí una participación poco feliz. Porque se contradijo bastante. Él mismo había dicho durante ocho años que la Selección tenía que ser prioridad, y había que respaldar al técnico. Justamente él fue el crítico número uno. Se reunió una vez con Bilardo cuando éste recién comenzó, pero a partir de ahí fue todo en contra. Su postura radical lo llevó incluso a criticar a Diego Maradona como jugador.

El gran triufno de la Selección en el Mundial 86 lo dejó mal parado, con su séquito de periodistas/hinchas sin saber bien qué hacer. Claro que prosiguió con su carrera. Tuvo un paso intersante por el Barcelona, junto a Maradona, pero no terminó bien. Dirigió varias veces a Rosario Central, a Boca, a River. Dirigió en México, en Italia, en Uruguay. Su carrera ahí tuvo altibajos, más bajos que altos, esa es la verdad. Pareció repuntar en Independiente cuando en 1997 armó un gran equipo, que estuvo a punto de consagrarse campeón. Pero se fue unas fechas antes, firmando por la Sampdoria de Italia, y el equipo no logró recuperarse.

Vuelta a la Selección

Ya siendo un adulto mayor, y retirado de la dirección técnica, tuvo un regreso triunfal. Tras la muerte de Julio Grondona, la AFA se convirtió en un conventillo grotesco. La sucesión de quien fuera tantos años presidente fue caótica. El bochorno del «38 a 38» entre Tinelli y Segura, los cambios de técnico en la Selección. Que Martino, que Bauza, y el papelón final de Sampaoli. Claudio Tapia tomó nota de eso. Sabiendo que el destino de la Selección marcaría su propio destino, tomó dos decisiones drásticas: una de ellas, elegir a Menotti como director de Selecciones, y la otra, que va de la mano, ratificar a un joven e inexperto Lionel Scaloni como entrenador de la Mayor. El Flaco fue clave en esta decisión. Bancó a quien todos atacaban por su escasa y casi nula experiencia. Y el resultado no pudo haber sido mejor, como ya se sabe. Cameón de todo, de la Copa América, de la Finalíssima y del Mundial Qatar 2022. Argentina es hoy el número 1 en el Ranking Fifa. Menotti tiene bastante que ver en eso.

El Flaco

Muy firme en sus convicciones, a veces terco (como cuando dejó afuera a Maradona del Mundial 78, o como cuando le bajó el pulgar a la llegada de Ronaldo a Boca). A veces muy soberbio, y crítico de quienes no pensaban como él. César Luis Menotti ha sido un personaje central en la historia del fútbol argentino.

En la película sobre Lionel Messi, hay otra de las frases antológicas del Flaco, que lo pintan de cuerpo entero. Sentado a una mesa junto a otros interlocutores, Menotti cuenta una anécdota sobre Diego, haciendo el paralelismo con Messi. Dice que una vez les dijo a los jugadores: «¿Cuántas pelotas le vamos a dar a Maradona?». Ante el silencio de todos, él mismo dio la respuesta: «Todas».

La vida del Flaco se apagó a los 85 años. La paradoja es que justo fue el día en que Estudiantes (equipo asociado históricamente con Bilardo), se consagró campeón del fútbol argentino. No hay manera de contar la historia del fútbol argentino sin hablar de César Luis Menotti. Un filósofo bohemio, pero también un trabajador incansable. Un estilo de juego claramente definido, una idea, que de eso se traba básicamente, un equipo de fútbol. Y el artífice de la primera estrella. Hasta siempre Flaco Menotti, CAMPEÓN DEL MUNDO.

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