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El Vía Crucis volvió a impactar

El Vía Crucis volvió a impactar

Es acaso redundante, pero nuevamente el Vía Crucis impactó y conmovió.

El regreso del evento tras el receso forzoso de 2020 se produjo con un buen marco de público, que respetó la distancia y las medidas propuestas.

El Vivero volvió a mostrar su magia. Otra vez se convirtió en el Gólgota. El Grupo de Teatro Independiente puso en escena la pasión y muerte de Jesús en dicho imponente marco. Un Vía Crucis distinto, como todos los eventos en pandemia, y muy emotivo.

Tras las palabras de bienvenida, el público peregrinó desde el ingreso a la Estación Forestal hasta encontrar la Estación 0, el comienzo de la representación.

Jesús abatido por su inminente arresto reza en el Huerto de los Olivos. Judas consuma su traición con un beso, los sumos sacerdotes le pagan su vil entrega. El traidor huye, y más tarde se ahorca. Los soldados romanos detienen a Jesús, los discípulos duermen. Es sólo el comienzo de la pesadilla que tendrá que soportar.

Poncio Pilatos no quiere condenarlo a muerte porque no encuentra motivo para hacerlo. Sin embargo cede a la presión popular. Aquel que tan sólo unos días antes había ingresado a Jerusalém como un rey, ahora es señalado como un reo que merece la crucifixión. El gobernador se lava las manos, el pueblo influido por los poderosos opta por salvar a Barrabás. Jesús es obligado a cargar con su cruz.

Comienza el camino hacia el Calvario. Jesús cae por primera vez. Se encuentra con su madre en una escena desgarradora de dolor. No tiene fuerzas, obligan al Cireneo a cargar con la cruz. La Verónica desafía a la guardia romana y enjuga el rostro de Jesús.

Vuelve a caer, avanza sin poder hacerlo. Se encuentra con Magdalena, y es él quien consuela a ella. Cae por tercera vez, el camino hacia la muerte se acerca. Le quitan su túnica y la sortean entre los solados. Lo clavan en la cruz.

Y llega el momento. Jesús muere en la cruz y marca una bisagra en la historia. Ya sin vida, su cuerpo es depositado en brazos de las mujeres de Jerusalem, y luego sepultado.

Pero cumpliendo las escrituras, al tercer día resucita.

Todo eso fue lo que se representó en el Vivero. Con un debutante en el rol principal. Nahuel Montero estuvo a la altura, encarnando un personaje que debe hacerse con sumo respeto, en una historia que casi todo el mundo conoce de memoria. Las escenas de los encuentros, con María, con Verónica, con Magdalena, emocionaron hasta las lágrimas. La estampa de la crucifixión impactó como siempre. Y el final, con Jesús apareciendo entre una nube de humo, con el Sagrado Corazón, y una paloma en sus manos, provocó las lágrimas de varios, y el aplauso cerrado de todos.

Hubo que esperar dos años para volver a ver el Vía Crucis de Claromecó. Todo un clásico de Semana Santa, y uno de los eventos anuales más importantes de la localidad.

Más fotos (gentileza María Angélica Souto):

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