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La que no quería ser chica Almodóvar

La que no quería ser chica Almodóvar

Mariana Prommel, actriz, bailarina, defensora de los animales, claromequense por adopción.

La palabra muerte no debe asociarse con un artista. Porque queda la obra eternamente. Por eso diremos una frase remanida pero absolutamente cierta. Mariana Prommel se fue de gira, a los 53 años, víctima de un cáncer de mandíbula que se fue agravando en los últimos tiempos.

En Claromecó la noticia nos toca de manera especial. Porque Mariana nos eligió, porque decidió que esta localidad sería su lugar en el mundo. Y así fue.

Mariana Mosqueda Prommel nació en Buenos Aires un 30 de septiembre. Se crió en el barrio de Liniers. Estudió maestra jardinera y se recibió. Pero fue el arte escénico su verdadera vocación y profesión. Estudió danza desde los 7 años, claramente ya era una artista. Intentó también con psicología en la UBA, pero no. Era el arte, era el escenario, no había forma de torcer el destino.

Mariana en Claromecó, su lugar en el mundo

Por eso estudió en la escuela Río Plateado, donde daba clases Hugo Midón. Y luego, siete años con el gran maestro Agustín Alezzo. Mariana fue, es y será actriz, en toda la dimensión de la palabra.

Como tantos otros de su generación, el Teatro Parakultural fue el escenario de los inicios. Un lugar emblemático del under porteño. Un cable a tierra donde la creatividad y lo no convencional se daban cita en la naciente nueva democracia. Ahí estaban Batato Barea, Urdampilleta y Tortonesse, Las Gambas al Ajillo. Más adelante, Alfredo Casero, Diego Capusotto, Carlos Belloso, Mex Urtizberea, Mariana Briski, Valeria Bertucelli, y sigue la lista. En el Parakultural podía aparecer de un momento a otro Charly García, o ser escenario de un recital de Los Redondos, Todos Tus Muertos, Los Violadores y Sumo. Y claro, también estaba Mariana, haciendo un teatro experimental, urgente.

También hizo teatro en el Centro Cultural Rojas. Con Claudia Fontán y Carla Peterson protagonizó ¿Quién es Jannet?, obra que fue premiada con un ACE. Actuó también en el Paseo La Plaza, y en la primera Bienal de Arte Joven de Buenos Aires.

Hasta que llegó la televisión, la masividad, con todo lo bueno y lo malo. Comenzó en Naranja y Media con Guillermo Francella. Y enseguida llegó un personaje bisagra, la entrañable Norita de Verano del 98. Apareció luego en EnAmorArte con Emmanuel Ortega y Celeste Cid, y Franco Buenaventura El Profe con Osvaldo Laport y la misma Cid. En Sol Negro encarnó a mimí, en una ficción de prestigio, con calidad, y de culto, como las que hacía Ideas del Sur en forma paralela a los grandes éxitos masivos.

Dulcinea, el entreñable personaje que hizo en Los Roldán

Tras una aparición en la adaptación local de La Niñera, llegó el otro gran personaje entrañable de su carrera. En Los Roldán fue Dulcinea, la fiel mucama de la señora Chichita Uriarte (Andrea Bonelli). En esta suerte de Montescos y Capulettos porteña que fue la tira, tenía un romance con Jorge, el prototipo del muchacho de barrio quedado en el tiempo encarnado por Campi. Dulcinea también tenía a su cargo los cuidados de la Niña Violet, una perra caniche toy a la que Chichita trataba como a una hija. Aconsejaba a su patrona en todo, menos en un detalle: nunca le contaba que su marido Emilio (Puma Goity) tenía un amor secreto y platónico con Laisa Roldán (Flor de la V).

El trabajo de Mariana en Los Roldán fue impecable. Captó perfectamente el registro que pretendía la ficción, e hizo a una Dulcinea disparatada, inocente e incluso pícara. El público la amó desde el principio, y se lo recordó para siempre. Con Campi hasta tenían canción propia, como los protagonistas principales, era «Rosas» de La Oreja de Van Gogh.

Dos experiencias que Mariana recordaba como no muy buenas: la primera, Gladiadores de Pompeya, que pretendió ser una especie de continuación de Los Roldán en el estilo costumbrista, y no resultó. La tira fue levantada, y la actriz no tuvo una buena experiencia con la protagonista, Andrea Del Boca. Luego llegó El Capo, una gran apuesta de Telefé, con Miguel Rodríguez. Mariana encarnaba a Mirta Yariff, un personaje complejo y protagonista. Pero el bajo rating hizo que el programa en el que las autoridades habían puesto gran expectativa, fuese también levantado.

Adaptación del clásico La Casa de Bernarda Alba, de García Lorca, dirigida por José María Muscari. Fue un éxito rotundo. En esecena junto a María Rosa Fugazot y Flor Torrente.

Tras una experiencia como conductora en Supercanal, y otro éxito de Telefé como Los Exitosos Pells, a Mariana le llegó el llamado de Pol-Ka. En su debut en la productora de Adrián Suar fue parte del elenco de Consentidos, una típica comedia juvenil donde fue Rita, una de las antagonistas. En la misma productora y también en Canal 13, fue Ada en Lobo, telenovela donde integró el elenco principal. La ficción protagonizada por Gonzalo Heredia, tuvo una aceptación dispar. No obstante tuvo más de seis meses de aire.

Mariana ya estaba un poco desencantada con el mundo de la televisión. Decía que se preparaba fuertemente para encarar cada personaje, donde dejaba el alma en la interpretación, y que a los productores sólo les interesaba el rating. Que parecía que nadie valoraba el trabajo actoral, sino que lo único importante era la medición. No obstante, tuvo participaciones en la comedia La Pelu, con Flor de la V, y Mi Amor Mi Amor, ambos por Telefé.

La Prommel estaba en las ficciones más vistas de la pantalla chica. Era convocada con frecuencia para cada nueva apuesta. Demostraba que estaba en condiciones de hacer comedia y drama con la misma solvencia. Pero descubrió que ya no quería más eso. Que la exposición televisiva tenía sus consecuencias negativas, y que el arte no era lo que interesaba. Entonces tomó la decisión de dejar Buenos Aires, con todo lo que ello implica. Se instaló junto a su madre en Carmen de Patagones, donde llegó a conducir un magazine televisivo. Hasta que conoció Claromecó. Ambas, madrea e hija, junto a sus inseparables perros, se mudaron a esta localidad.

En la playa de Claromecó junto a uno de sus perros, foto de su amiga Carolina Mulder para La Voz del pueblo

Aquí no pasó desapercibida. Mostró adaptación desde el primer día. Se hizo de varios amigos, empezó a ser vista en la calle, en los comercios, y rápidamente fue una vecina más. Y llegó a la RCC. Tras una nota de presentación, Tito Martínez le hizo el ofrecimiento de sumarse al staff de la radio. Fue así que condujo la mañana de la emisora junto a Billy Wilson durante unos meses.

En el Espacio de Arte presentó Serena y la Cooperativa, una obra de teatro que ella misma escribió. Y en forma paralela continuó su carrera viajando esporádicamente para sumarse a producciones como La Peluquería de Don Mateo, o el Mal Menor, ficción de la TV Pública.

Mientras vivía en Claromecó le llegó el llamado de José María Muscari para hacer el clásico de García Lorca, La Casa de Bernarda Alba. Fue un éxito rotundo. Era la primera vez que la pieza de Lorca llegaba al teatro comercial. Con producción de Javier Faroni, la escenografía de de Jorge Ferrari y el vestuario de Renata Schussheim, todos número uno en lo suyo. Y un elenco multiestelar: María Rosa Fugazot, Andrea Bonelli, Adriana Aizemberg, Andrea Frigerio, Valentina Bassi, Lucrecia Blanco y Florencia Torrente. Mariana fue Magdalena, una de las 5 hijas de Bernarda Alba.

Fue una puesta arriesgada, irreverente, bien a lo Muscari. Debutó en el Teatro Regina de Buenos Aires, pero luego recorrió el país. Luego el director fue cambiando las actrices del elenco, y la obra estuvo varios años en cartel.

Falladas, con Mimí Ardú, Emilia Mazer, María Leal y Patricia Viggiano, con dirección de Muscari

Luego formó parte de uno de los elencos de Falladas, también con dirección de Muscari. Junto a María Leal, Emilia Mazer, Patricia Viggiano y Mimí Ardú, la obra recorrió diversos teatros del interior del país. Una comedia que transcurría en el consultorio de una psicoanalista.

Su último trabajo en televisión fue en una gran producción de HBO Olé para la Argentina: El Jardín de Bronce, con Joaquín Furriel. Una serie donde Mariana encarnó a Thelma, La Foca.

Cuando vino a vivir a Claromecó, Mariana decía que el cine era un objetivo por cumplir. Hasta ese momento sólo había participado de un par de cortometrajes. Pero llegó la oportunidad. Fue en 2019 en Te Pido un Taxi, comedia romántica de Martín Armoya, con Bárbara Vélez, Inés Palombo y Nicolás Riera, entre otros.

En la pandemia Mariana empezó a evidenciar problemas con su enfermedad. Ante la falta de trabajo, y para focalizar la creatividad, se reinventó. Comenzó a elaborar manteles individuales, que comercializó por Instagram. Su emprendimiento fue un éxito. Hace algunos meses habló con la RCC en el programa Bar La Perinola, donde comentó esta nueva experiencia, y la manera en que encontró para sobrellevar la enfermedad.

Bailando con Juanchi Baleirón, en el video de Párate y Mira, de Los Pericos. También participó del clip de Desfachatados, de Babasónicos.

Cuando le hacían notas, varios periodistas intentaban definir a Mariana Prommel como «una chica Almodóvar». A raíz del prototipo de figura femenina recurrente en las películas del español. Básicamente porque la comparaban con Rossy De Palma. Ella decía que «no quiero me digan chica Almodóvar, me están queriendo decir que soy fea de una manera elegante».

Mariana siempre fue una gran defensora de los derechos de los animales. Sus perros son la prueba de ello. En varias oportunidades se negó a hacer escenas en televisión en las que participaban animales. En eso no negociaba, se plantaba y no lo hacía.

Una artista de verdad, con mucha sensibilidad, con un compromiso absoluto con el personaje. Con un respeto total por el arte escénico, por el público y el escenario. Amable y cordial. Actriz con mayúsculas, así fue Mariana. Así es Mariana, que ahora se fue de gira, a obtener merecidos aplausos eternos. Un fuerte abrazo a su mamá y a sus perros.

Una respuesta

  1. Una gran tristeza perder a Mariana. Incansable y solidaria, colaboró con nuestra Biblioteca cuando todavía era un escenario sin pintura y de lamparitas peladas, y buscábamos terminar la obra. Me queda el privilegio de haberla conocido y haber compartido su alegría y su inolvidable personaje «Telma del Río» con el que tanto reímos y que nos dejó en varias funciones en la Biblioteca.
    Una pena enorme su partida. Queda su voz en la historia de la Biblioteca y en mi corazón.
    Gladis Naranjo.

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